
Laura Maria, como le digo yo, está llena de preguntas y es cautelosa pero precisa con sus respuestas. Es atrevida en un estilo que no es fácil de encontrar, porque se arriesga sin despeinarse -por lo menos no visiblemente-. Es analítica y apasionada, como si data y sentimientos fueran una sola cosa. Tiene el amor por las palabras que todos deberíamos tener, las elige, las medita, las respeta. Está dispuesta a retarlas. Y a retarnos con ellas.
Tiene una mezcla poderosa de linajes intelectuales y patrióticos, a esta autora nada le pasa inadvertido. Rescata cuantas experiencias ha vivido para comprenderlas, hasta que es capaz de aprender y enseñar algo de ellas.
Medita en letra alta.
Se cuestiona y se perdona visiblemente.
Leer un escrito de Laura es entrar a lo más sincero de la humanidad. Ojalá la disfruten tanto como yo.
/ Soraya Pina /
Actriz y Estratega
Sobre mí
“Laura María, ¿qué tú piensas?”
Con esa pregunta se forma una autora. Mi padre me lo preguntaba incesantemente sin reparo de cuan complejo podía ser el tópico para la edad. A él le parecía importante, imprescindible saberlo, entenderlo y sólo de ser necesario encausarlo. Pienso que no nos hacemos esa pregunta lo suficiente, tampoco le damos el espacio a la ignorancia de reconocerse, ponerse nombre y salir a curiosear, fantasear para ver qué ideas son capaces de continuar desvistiéndola.
La curiosidad me llevó a lugares muy concretos y poco arriesgados en el plano físico pero en el plano insondable del espíritu y la mente, el universo siempre ha sido capaz de echarme a andar guiada por un olfato de poeta y la imaginación instintiva y eufórica de un niña.
Desde temprana edad, fascinada por el mundo de los cuentos quise escribir. Siempre tuve diarios y no era extraño que al concluir una película me sentara con lápiz y papel a narrar mis impresiones. A los doce años me dispuse a escribir mi primera novela pero el fantasma de la intelectualidad de mis padres rápido me sugestionó tildando de iluso y pretencioso el proyecto. Años más tarde, aún delirando por el mundo de las palabras me decidí a estudiar Comunicación con una concentración en Publicidad en la Universidad de Boston y mi clase favorita fue filosofía, la posibilidad de construir nuevas realidades a partir del propio sentido crítico me sedujo y me ha acompañado siempre a la hora de concretar mis convicciones. Luego hice una maestría en Gestión Comercial y Marketing en la escuela de negocios española ESIC. Toda la escena cultural europea, junto a las largas horas de viaje en tren me dejaron mucho espacio para leer y entender que ser humano es caldo suficiente para la inspiración, que la obra nace de una hormiga, un pisón o un descubrimiento genial pero siempre encuentra un nido para conectar y crecer.
¿Qué ocurre antes de un hecho? Azar, estamos hechos de azar, estoy convencida de que tuvieron que pasar tres generaciones para que me sentara a escribir. Nieta por la vía paterna de un barahonero, comerciante, poeta y por la vía materna de un gran luchador por la democracia de nuestro país; hija de dos idealistas, humanistas y ensayistas finalmente me encuentro conmigo a través de la poesía cuando me divorcio con treinta un años de edad. Como Emily Dickinson, no tengo formación académica de poeta pero sí el atrevimiento que corre por mis venas de expresar cómo siento sin cuenta la vida, sus encuentros y desencuentros.
El amor me halló de nuevo a los treinta y tres años coronándome luego como madre por primera vez. Con la madurez y la transformación propias de la maternidad, impulsada por la frustración de años de una creatividad atada al mundo laboral y cotidiano, me sentí obligada a ser, eso que nadie me puede hurtar y se fecundó gracias al azar: autora.
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Leer un escrito de Laura
es entrar a lo más sincero de la humanidad.
/ SORAYA PINA /
ACTRIZ y estratega
Experiencia
Soy incapaz de ver la experiencia desde un ángulo unidimensional, desde el plano tradicional de la educación, la profesión… el quehacer.
Las experiencias y experimentos más ricos están en mi presente, me encuentran viviendo como humana, como esposa, como madre, hija y amiga.
Mi esposo, Mario Lovatón me regaló el privilegio de asumir a su lado la crianza de sus hijas Emilia y Elena y de ser mamá de Mariela. Mis hijas, o cómo constantemente me refiero a ellas, mis olas, son mi eterno recuerdo de que las quiero ver libres de ser. Como el mar son inmensidad pura e impenetrable, la magia está en valorarlas y aceptarlas como son.
Me dedico a observarlo todo y a curiosear con la intención de crear. Esto también lo expreso a través de mi profesión como estratega, consultora de marcas, exploradora de las personas, sus necesidades y las del entorno que las rodea.